martes, 20 de febrero de 2018

TOULOUSE – LAUTREC Y LOS PLACERES DE LA BELLE ÉPOQUE




¿Cuándo?: del 8 febrero al 6 mayo

Horario: Laborables y festivos: 11:00 – 20:00 hs.; Miércoles: hasta las 15:00.


Se exponen todos los carteles del artista (33) del artista, junto con otros hasta sumar 65 de autores coetáneos (Alphonse Mucha, Jules Cheret, entre otros). Proceden dela colección completa que posee el Museo de Ixelles (en Bélgica).

La intención del comisariado es clara: adentrar al espectador en la algarabía del espectáculo. El ambiento lúdico y colorido de la exposición envuelve al visitante y le predispone a disfrutar. Para el autor los carteles, una forma de expresión nueva en el mundo del s.XIX, también son productos que merecen la misma importancia que otra obra y a los que dedica especial esmero. Le da un enfoque diferente al de la pintura al uso, dibujando escenas callejeras, dinámicas y ligeras. Toulouse Lautrec revoluciona la pintura en un sentido: la relación del artista con la modelo ya no es el de la musa y un ser superior, el pintor, que la inmortalizará, sino que adquiere una dimensión cercana, donde tanto pintor como modelo se unen en una relación íntima, que hace emanar cuadros de índole totalmente intimista.


Para abrir boca nos encontramos con la famosa Jane Avril, más conocida por ser la protagonista artística indiscutible de la época y que lanzó a la fama al maestro (la clientela hacía cola para verla bailar en el Moulin Rouge). Por supuesto, no podían faltar Aristide Bruant y La Goulue con sus celebérrimos cancanes.

La sala más interesante quizás por sus historias curiosas es la segunda. Obras para publicitarias para revistas literarias o libros). Nos cuentan sus carteles historias como la de “Napoleón” que, tras no ser seleccionado ganador por el jurado, TL mandó editar 100 copias y distribuirlas. O la del “Ahorcado” (litografía para una novela encargada por el diario La Dépêche) absolutamente dramática, iluminada por una vela para dar más extrañeza a la escena) y “La Castellana” (“El Augurio”), tramas funestas que se plasman en estos encargos sin color, claroscuros intensos y fúnebres. Otra litografía (“Babilonia alemana”) contiene la figura caracterizada del Kaiser Guillermo II que la “cuela” como guardia raso que vigila el desfile de caballería ante sus ojos risueños. Le valió un enfado monumental de la embajada alemana.

Para terminar, la sala abovedada de la Fundación nos sugiere una hilera de nuevos productos que se empezaron a comercializar (polvos de arroz para el cutis de las señoras, leche tratada, cremas corporales).  Nos cuenta el inicio del ciclismo como tal debido a los avances técnicos en los materiales de las bicicletas, la aparición del confeti tal y como lo conocemos hoy en día (papelitos de colores redondos en lugar de las bolas de yeso coloreadas que, hasta su prohibición en 1892, eran las que se utilizaban para festejar. O los nuevos oficios, como el del decorador de interiores (cuando el art nouveau arrastraba cada vez más adeptos).

El último cartel (o primero), una “Jane Avril” contorsionada o acogiendo sin tapujos una serpiente que la rodea sinuosa (de 1899) nos desvela cuáles podrían haber sido la nueva concepción estilística del pintor, retorciendo las líneas, truncada por su muerte dos años después.