jueves, 11 de enero de 2018

“Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos.”


 

Somos los zapatos, los últimos testigos.

Somos zapatos de nietos y abuelos,

De Praga, París y de Ámsterdam,

Y –como somos de tela y de cuero, y no de carne y hueso,

Nos hemos salvado de arder en el infierno.

(Fragmento de “Vi una montaña”, de Moshe Schullstein, 1947)

 




Silencio y hueco, esa es la sensación al entrar. Toda la historia de la cuestión judía y el Holocausto (la “Shoá”, en hebreo) y la particular sobre el campo de concentración de Auschwitz I y el de exterminio de Birkenau (Auschwitz II) se relata, y muy pormenorizadamente, en la exposición itinerante durante 7 años por Europa: “Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos”, del Canal de Isabel II. Se nos narra cómo, desde una Alemania dolida por su derrota en la I Guerra Mundial, se fue fraguando el odio por el pueblo polaco y, más tarde, hacia un pueblo apátrida que, como grupo religioso y cultural, siempre han seguido sus normas internas, sus costumbres y creencias. Estaba prevista para el 2016 pero obras de remodelación en el Canal impidieron su apertura. Ahora sí, tras 6 años de trabajo, la tenemos hasta el 17 de junio 2018.

La visita comienza con un esbozo rápido del punto geográfico donde todo se transformó, de la zona donde, desde lo que eran unos barracones donde se recogían, a modo de hospedaje, los comerciantes para pasar las fronteras, antes de la primera guerra mundial. Paseando por sus salas, veremos lo importante que eran los zapatos y las ruedas de trenes, para irnos adentrando, poco a poco pero indefectiblemente, en el horror y la oscuridad.

Han salido de Biernaku 600 piezas originales (el mayor préstamo de objetos que se ha hecho hasta la fecha) pero muchos de ellos no son los que nos agarrotan y dan náuseas (letrinas, barracones de hacinamiento de la época de “la solución final”, alambradas, zapatos, maletas, gafas, restos de hornos crematorios), sí -en cambio- nos asfixian las fotografías, que en el comienzo de la visita nos pueden sorprender por una cierta curiosidad malsana o informativa, depende, (si no se ha visitado el campo in situ), pero que al final incluso hieren los sentimientos de cualquier persona de bien. Se exhibe lo que quedaba de las víctimas en el campo de exterminio cuando las tropas rusas lo liberaron el 27 de enero de 1945.

El visitante avanzará en su peripatética inspección hacia los horrores de una realidad malsana que no le dejará indiferente (la muestra pretende crear emoción y cambiar la forma de pensar del espectador “to bring you back to the small item that can touch you”). Pero es cierto, en honor al comisariado de la exposición, que hay una gran respeto y una cuidada puesta en escena que, a mi juicio, provocará lo que el Director del proyecto expositivo (y de Musealia), Luis Ferreiro, señala: conversarán con los objetos (“voces vivas”) que, testigos mudos (“gritos mudos, dice él) de la barbarie humana, le contarán su historia particular y, por tanto, de la de Autschwitz.

“Tuvo que pasar un tiempo para que supiese de la importancia que tenía aquélla guerra psicológica en el frente nacional” (extracto “I cannot forgive”, 1963, Rudi Vrba, superviviente). Se vendía hasta el pelo de los prisioneros (por supuesto, todos sus objetos personales) que Hitler enviaba a las familias de sus combatientes para honor suyo. obligaba a trabajos forzados en los que muchos morían de inanición, o se les enviaba directamente a las cámaras de gas (los no aptos). Las mujeres llegaron más tarde, con los niños. Todos tatuados, seleccionados (para asfixiarles en pocos minutos o derivarles a los barracones) sin agua potable que beber. A todos se les daba 30 grs. de pan y una ración de sopa de nabo al día por toda comida. ¡Ésto era Autschwitz!

 

Una exposición necesaria, dura, deferente, para la reflexión y con un claro objetivo educativo, una exposición para todos, incluso los propios supervivientes (muy mayores ya), que se acercará a los domicilios locales puesto que no todo el mundo puede viajar hasta Biernaku.

lunes, 8 de enero de 2018

CÉSAR PATERNOSTO. Hacia una pintura objetual






Mi aportación testimonia mi aspiración de hacer de la pintura un objeto que hay que leer integralmente” (César Paternosto)



El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza nos propone, hasta el 28 enero (entrada gratuita), en el Balcón planta 1ª, unas obras seleccionadas por el propio artista, algunas de su propia colección (en Segovia, donde reside) y otras cedidas por Galerías, además de las de la colección de Carmen Thyssen. Son ejemplos de lo que quiere ser una muestra de la historia de la pintura en tanto que objeto (una tela cosida, ya no es ventana de representación de escenografías, de naturalezas o bodegones, el lienzo cuadrado (la “pantalla óptica” que la llama Paternosto) pasa a ser una “cosa” a la que progresivamente se le irán añadiendo arenas, arpilleras, maderas, periódicos, cuerdas (aquí se inserta la tradición mondrianesca de sus cintas adhesivas de colores tras descubrirlas en Nueva York, con la obra “New York City 3 (inacabado)”).

¿Dónde innova Paternosto? Su expresión máxima de la objetualidad del lienzo tiene lugar cuando, en febrero de 1969, abandona la pintura en el lienzo frontal para trasladarla a los laterales del bastidor (que se agrandan para acoger la obra). Un salto al vacío. Toda una revolución conceptual pues el espectador tiene que interpretar la obra desde una acercamiento lateral. “La pintura ya no se ofrece a la mirada, sino que se oculta y el espectador, como dice el artista, tiene que ir a buscarla en un acercamiento oblícuo” (Guillermo Solana, introducción al libro de esta muestra: “César Paternosto, hacia una pintura objetual”). Es la dispersión de la pintura a los laterales propia de Mondrian (del que se nutre) llevado a la máxima expresión: su ausencia en el cuadrado frontal para esconderla en los lados.

Además de sus reconocidas “obras laterales” de galerías privadas, también encontramos a Picasso, Mondrian, Torres-García (traído a la exposición “Madera planos de color” pues representa la retícula mondrianesca fruto del encuentro de ambos artistas) o Gris, además de sus experimentaciones de lápices acuarelables sobre lienzo (“Hilos de agua, Intervals”) que quieren ser un homenaje a la abstracción de la tradición del trenzado textil interpretada desde tiempo inmemorial.

Un delicioso “1.2.1.2.” (1972) que refleja un azul turquesa aguado en la misma pared (que intensifica la cualidad de objeto del cuadro, que se traslada a los muros de la sala, por lo que la obra queda integrada en la realidad y forma parte de ella) mientras que la representación de los bastidores se va abriendo escalonadamente en una estructura de foco, en un sentido como en otro. Igual que Mondrian, para Paternosto el blanco no es el vacío, porque (ambos) lo delimitan o bien en los bordes o bien en los laterales, es perfectamente válido dejarlo en blanco y así lo disfrutaremos en esta escueta pero fantástica muestra de toda una evolución a través del tiempo sobre el cambio de significado de la pintura.


martes, 26 de diciembre de 2017

MANOLO BLAHNIK. EL ARTE DEL ZAPATO



¡Si tenéis niñas y os gustan las exposiciones estáis de suerte!
El Museo de Artes Decorativas (c/Montalbán, 12), en colaboración con Vogue nos deja admirar de primera mano los deliciosos zapatos de este innombrable artista, de su colección privada. Entrada gratuita. Visitad la web (los horarios del museo son una locura).
Zapatos fastuosos, elegantes, de una calidad extrema, que reflejan la necesidad de perfección casi compulsiva de este diseñador. Porque aún no ha logrado el zapato perfecto. Sigue investigando para crear nuevas obras de arte, porque es cierto que se han convertido verdaderamente en esto: en pequeñas referencias artísticas. Su uso de materiales nobles, pieles de todo tipo, telas raras y de lo más variopintos, y su innegable elegancia le han hecho ganador de  títulos como el de Honoris Causa de la Univ. De la Laguna, o el de Commander of the British Empire.

“La exposición explora el zapato más allá de la moda, entendido como un objeto con personalidad propia que transciende la mera funcionalidad para acercarse, en muchas ocasiones, al arte”. (Folleto de la exposición).

Es una delicia contemplar sus bocetos en pintura (firmados por él), pues siempre los ejecuta él mismo en madrera y piel, el prototipo lo confecciona él mismo, para luego enviarlo a su fabricación a la fábrica en Parabiago. Un escultor de sus propias creaciones. Podemos disfrutar de un vídeo con sus principales ideas y, sin duda, deleitarnos con las muestras que el Museo nos aporta. Confecciona muy pocos pares al día, totalmente artesanales, así que las listas de espera por unos “Manolos” son insufribles. Tenemos una sección dedicada a su colección de zapatos que vistieron los pies de las actrices de la película de María Antonieta, de Sofía Coppola (2006).

Amistades como Paloma Picasso o la ayuda (tan admirada siempre por él) de Diana Vreeland (editora de Vogue en EEUU) en unos primeros momentos más duros, con un innegable talento y creatividad hicieron que un estudiante que abandonó la carrera de Derecho y comenzó como fotógrafo se convirtiera en un diseñador de referencia mundial. En algunas fotografías de famosos fotógrafos como Man Ray, Patrick Demarchelier, Craig McDean o Helmut Newton veremos a modelos de la talla de Cindy Crawford, Linda Evangelista dando vida a sus creaciones.

Zapatos desde sus inicios hasta la actualidad, unos doscientos, con algunos modelos muy vivos que siguen en nuestra memoria (contemplaremos las botas altas de la colección Rihanna X Manolo, por ejemplo). Hay referencias en sus zapatos a su España natal (recordemos el origen canario de Manuel Blahnik Rodríguez) pues, dicen, le inspiraron nuestros más grandes autores como Galdós, Unanumo y Ortega o pintores de la talla de Goya y, cómo no, Picasso). Está su zapato “Lola”, en homenaje a Lola Flores. Vive en Bath, disfruta de una agradable salud…..  ¡que nos dure por muchos años!

jueves, 14 de diciembre de 2017

EL ESPÍRITU DE LA PINTURA. CAI GUO-QIANG


Pintar es una expresión de la mente y el corazón (Cai Guo-Qiang)

Museo del Prado (Edificio Jerónimos). Hasta el 4 de marzo 2018.. Entrada general (15€). Reducida (7,5€). Lunes a sábados: 10hs-20hs. Domingos/Festivos: 10hs-19hs.

Cai Guo Quiang nació en China, pero también vivió unos cuantos años en Japón. Lo interesante es que él no es pintor, estudió escenografía y, de hecho, hizo sus pinitos en algunas películas. Ahora vive y trabaja en Nueva York. Él dice que siempre recuerda cómo su padre le subía a sus rodillas y le enseñaba, mientras se liaba un cigarrillo, los dibujos que hacía en las cajas de cerillas que recolectaba, mientras le aseguraba que los paisajes allí incrustados eran su pueblo natal. Sí, en unas diminutas cajas estaba representado el puerto, y el bosque, y la pequeña ciudad y todos los recuerdos que su padre mantenía en su mente. De ahí que Quiang sienta que un lienzo puede contener infinitos paisajes, expresiones y caminos, aunque a simple vista el trazo parezca simple o el cuadro con poco contendido.

Algunos ejemplos: nueve coches en distintas fases de su explosión Innoportune: Stage 1 (complicada su instalación en la rotonda del Guggenheim de Nueva York, 2008, en la exposición I want to believe). Para los expertos, sus indagaciones artísticas tienen mucho que ver con transformaciones artísticas. En este ejemplo, Quiang no pretende transformar el espacio de la rotonda, es algo más: el espectáculo no termina siquiera cuando las luces están en todo su apogeo porque la intención es trasladar al espectador al mismo espacio, a sus explosiones más iniciales, lo que reinterpretará más tarde con los atentados del 11-S. O su  Innoportune: Stage 2 (nueve tigres acribillados por lanzas en una disposición asimétrica que simbolizan una leyenda china que cuenta cómo un tigre que devoraba hombres tenía atemorizado a todo un pueblo, hasta que un bandido-héroe logra matarle por fin y terminar con la maldición). O su Falling Back to Earth, una exposición abierta en 2013 en la Gallería de Arte Moderno (Brisbane, Australia).

Sus exhibiciones son una lectura de representaciones de gran formato que se transforman en verdaderos shows para los visitantes.

En Japón exploró las propiedades de la pólvora en sus dibujos, consiguiendo obras únicas. La pólvora es excitante y tiene su propio carácter. Puede gustarle o no lo que haces con ella, según cuenta Quiang.  Dicen de él que es un visionario, un artista global, explosivo, que logra unir lo que él llama el mundo de lo visible y el de lo invisible. Con ello consigue obras únicas e irrepetibles.

Ésta metodología le ha hecho famoso. Verle en su estudio no tiene precio, serio y concentrado, meditativo, con una decena de ayudantes que le van completando las labores más tediosas en tanto que Qiang se dedica al proceso creativo. Es como si de una metáfora se tratara, de un material para matar, para engendrar arte y una obra hermosa y libre. La exposición en Madrid acoge obras en lienzo, un vídeo sobre el making off de la exposición y bocetos originales de algunos de las obras. Ha trabajado muchos meses en el Salón de reinos del Prado para concebir y realizar esta exposición. Ha evocado a los espíritus de pintores que duermen en el museo, en largos paseos en el crepúsculo por las salas y edificios del Prado, queriendo verter el “chi” (“energía” según la creencia oriental, donde no hay creación ni destrucción porque siempre ha existido esa energía).

En las salas parece que todo lo mostrado es espontáneo, pero en realidad lo único imprevisible de la exposición es la acción inmediata de la pólvora y su capacidad de transformar.

 


viernes, 1 de diciembre de 2017

MARTE, LA CONQUISTA DE UN SUEÑO



Espacio Fundación Telefónica. c/ Fuencarral, 3. M a D: 10:00hs. a 20:00hs. Gratuita.

La exposición abierta hasta el 4 de marzo de 2018 nos abre un espacio para la sorpresa. Es interesante, quizás no tanto por su valor artístico, pero sí desde un punto de vista cultural. Marte está, desde hace tiempo, en el punto de mira de investigadores multidisciplinares.

Para abrir boca, escucharemos a Carl Sagan. Su imagen parece sacada de una de las Conferencias de Navidad ante niños absortos de todas las edades en las que intervino: en 1977, de hecho, dijo que Marte era sin duda “a reasonable place to think about what’s the ground like, what’s the athmosphere like, could there be life?, is it as old as Earth?” (porque -a su juicio- los supuestos canales de los que se aseguraba su existencia no eran tales, o que no era tampoco cierto que los puntos verdes fueran plantas, mientras experimentaba con sus artilugios en la mesa.

 

Contemplaremos porciones de meteoritos venidos de Marte (cosa difícil de obtener) o una probeta con aguas del famoso río Tinto. Aprenderemos que curiosidades como que los días en Marte se llaman soles, que un año marciano son 687 días, que su montaña más alta (Monte Olimpo) tiene una altitud de 22,5 Km (el Everest terráqueo 8,8 Km), o que sus dos lunas se llaman Fobos y Deimos (personificaciones del terror y el miedo) un giño a la Ilíada, los dos hermanos que siempre aparecen (invocados por Ares) en el momento de la batalla.

 

Para los amantes de las exposiciones artísticas, se expone una reproducción de un telescopio de Galileo (de 1609), esferas armilares, planetarios mecánicos deliciosos (S. XVIII) y globos marcianos de fines del XIX. Es inspirador el artículo de la revista Life de 1965 donde por primera vez se publican fotografías de Marte captadas por el robot Mariner. Escucharemos a Orson Wells (una audición radiofónica traducida al español) inundando una sala para contarnos una curiosidad sobre la histeria colectiva infundada a la que puede llegar el ser humano cuando se difunden historias sobre extraterrestres contadas por voces conocidas por todos.

 

La sección dedicada a los proyectos de futuro de colonización de Marte es realmente interesante: Terraformar Marte. Prototipos como Ice House (2015) o Lava hive project o Mars Utopia son interesantes de ver (de nuevo, alguno de ellos incluyendo la impresión 3D y la participación de hongos y bacterias para poder crear espacios y lagos y hábitats con atmósferas respirables. Existen diversas bases de investigación en la actualidad para entrenar a los futuros astronautas colonizadores de Marte, situadas en lugares de la Tierra donde también las condiciones son extremas (parecidas a las que tendrían que sobrellevar los pobladores). En estas bases  (Concordia, Mars 500 o Halley) los próximos prometeos se entrenan para prepararse a su lanzamiento cuando la técnica lo permita. Como muestra os diré que la historia de este tipo de iniciativas no es reciente, ya tiene unos años. Si tenéis tiempo, podéis pasaros por la exposición de la 3ª planta sobre Norman Foster (él también ha propuesto soluciones de habitabilidad para la luna, mediante técnicas de impresión 3D usando regolitos como materia base para la construcción de habitáculos lunares).

Para amartizar es condición imprescindible que se realice en un espacio de ese planeta que tenga acceso, al menos, a 100 toneladas de agua (para asegurar 15 años de vida mínima de los integrantes de la misión).

No dejéis de proponer vuestras ideas de regulación de este curioso planeta! Una selección de algunas de entre todas las aportaciones de los visitantes sobre las buenas prácticas que deberían ser aplicadas cuando el hombre colonice Marte será enviada a las agencias espaciales. Se exponen, como ejemplo, siete principios que han de regir en el espacio ultraterrestre, de Naciones Unidas, pero ésta quiere ser una iniciativa más para seguir conformando dicho código.

¡Anímate: tú puedes ser el legislador de tu propio futuro!.

lunes, 20 de noviembre de 2017

QUÉ EDUCACIÓN DAN LOS COLEGIOS HOY. QUÉ EDUCACIÓN QUEREMOS PARA NUESTROS HIJOS


Qué maravilloso artículo el que publica hoy el Mundo, en el Día Internacional del Niño.

Me ha reforzado en la idea y manera que en casa entendemos de la educación. A veces llegan las dudas, como a cualquier padre concienciado con este tema, puesto que los colegios de nuestros hijos (o, al menos, al que van los míos) hipnotizan con inputs constantes de flipped classes, con charlas ejemplificadas con vídeos donde niños y niñas tienen una tableta último modelo por cabeza (¡qué pasada!, decimos, dirán), donde nos venden que tenemos colegios tecnológicamente transformados. ¡Qué falacia!. Indaguemos sobre las razones.

¿Pero es que no nos damos cuenta de que cualquier ser humano necesita, primero, ser instruído, tener conocimientos, para después poder acceder a la gran ventaja que nos brinda el mundo online que tenemos hoy?.  Por el hecho de que cada alumno deba tener una tableta que llevar a clase un colegio no se transforma en tecnológico, de hecho puede empeorar habilidades “clásicas” que los niños poseían.

Cuando constato que los niños están perdidos porque los únicos materiales que tienen son unas escuetas presentaciones en power point de un profesor o, tan sólo, unas fotocopias de apuntes del propio profesor (pasadas a formato pdf), me dan ganas de gritar. Con un contenido, la mayoría de las veces, mínimo y escueto. Sin entrenamiento previo, sin compromiso por parte de los educadores en enseñarles el manejo de las herramientas online, sin el esfuerzo que requiere (como en cualquier ámbito de la vida) acompañarles y guiarles en la gestión de la documentación que se les envía, dónde archivarla, cuáles son los “códigos digitales” que aplican en un mundo conectado, no es posible que esos niños, ni con su mejor voluntad, saquen algo en claro y aprendan.

Es ilusorio pretender que ellos solos gestionen con criterio y madurez una información y unos dispositivos en los que no solo tienen acceso a “libros digitales”, sino también a internet, a mensajería instantánea, cámara de fotos y demás app preinstaladas en el dispositivo. Porque, seamos sinceros, ¿no nos pasa incluso a nosotros, adultos, que nos pasamos mucho tiempo diario en estos entornos? ¡Claro que sí!, pues cuánto más les ocurre a menores en pleno proceso de formación personal. Los niños no usan su tableta con fines puramente educativos, sino que se pasan tiempo fotografiando, enviándose mensajes o ¡jugando!, mientras los profesores no se lo impiden porque no se dan cuenta o no se la quieren dar (que eso supone educar y, claro, es ingrato).

A los chavales hay que acompañarles, y lo ha de hacer el profesor (no los padres, que la labor docente siempre ha sido de los primeros, aunque con el constante seguimiento por parte de los progenitores en comunión con aquéllos, por supuesto). Se hace hincapié en la importancia de desarrollar en los niños habilidades tales como argumentación, opinión, debate, presentación en público, habilidades técnico-digitales (que -por cierto- las llevan en los genes, son nativos digitales, así que no nos debemos preocupar). Pero se nos olvida que a éstas se llega después (o también) de haber estudiado filosofía, historia, matemáticas, arte, lengua, tras escribir ensayos, tras leer libros y epopeyas, tras entender a los clásicos.

A elaborar un buen mapa mental se aprende cuando se tienen los conocimientos previos; a hablar en público cuando se ha aprendido a memorizar; a opinar y dialogar y argumentar, siempre es posible cuando existe una base sólida de conocimientos previa.

Ahora están empantallados, desgraciadamente, también en el colegio.

Soy consciente del carácter personal de este post, de la vivencia que tenemos, en particular, con el colegio de nuestros hijos, pero en cualquier caso no dejéis de consultar el artículo recomendado, mucho más correcto, objetivo y, sin duda, contrastado que este desahogo mío.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Colección Bergé en Cuatrecasas




Tiene la sede del Despacho Cuatrecasas en Madrid (c/ Almagro 9) una colección interesante de obras de arte de la Colección Bergé (Bergé y Cía es una longeva empresa emprendedora, dinámica, que ha apostado también, como estamos viendo últimamente en el mercado empresarial, por invertir en arte.

La de Cuatrecasas es parte de una colección que la sintonía de ambas marcas ha ido recopilando desde los años 80 y que se exponen permanentemente en los distintos pasillos de entrada y salas de espera contiguas a esta rotonda. Poco más de una docena. Las obras están mezcladas en el propio entorno de la firma de abogados y hasta se confunden con el mobiliario de ésta. Son, decididamente, muestras de arte contemporáneo por las que ambas compañías han apostado siempre en línea con el espíritu emprendedor pero también amante del arte de ambas. Reúnen obras de autores reconocidos internacionalmente: fotografías de gran formato de Rosario López, Ángela de la Cruz (galardonada con el Premio Nacional de las Artes Plásticas 2017), Allan MacCollum, Sebastián Díaz Morales, Martin Creed, el díscolo Moris, Luisa Lambri, Jonathan Borofsky, Rinko Kawauchi, Ibon Aranberri, Roderick Buchanan, Euan Mac Donald, Dora García.

Por si acudes a alguna de sus charlas jurídicas, siempre interesantes, coge uno de los folletos “Colección Bergé en Cuatrecasas” que tienen impresos para mayor disfrute de la visita.